Ayer decidimos salir a dar una vuelta en bici hoy domingo por la mañana ¡Craso error! Todo ha empezado mal desde el principio. La inesperada rueda pinchada de una de las bicis nos ha retrasado casi 45 minutos y ha sido el principio del fin. Una vuelta por los alrededores de Pamplona hasta llegar al lugar de quedada ha venido bien para calentar músculos, preparar piernas y hacernos con la bici.
Primer repecho fuerte, lo he subido bien, sin demasiados problemas, viendo como mi cuerpo y mis piernas, currados durante mucho tiempo, respondían perfectamente ante la pendiente. Todo perfecto. Nos hemos quedado a esperar al rezagado (no diré nombre por si acaso) al borde del camino, con un zorro atropellado incluido. Hemos bebido un poco y hemos continuado. Al poco rato he notado que mi pié derecho se movía de una manera extraña y me he dado cuenta que el pedal estaba suelto. El arreglo que se le había hechoen el pedal no ha funcionado ¡Problemas! No tiene arreglo. Cambio de planes y de bici. Regreso a casa. He cogido una bici de carretera, diferente, me he sentido extraño, incómodo, inseguro… Y de milagro no me he matado con ella…
Regresando poco a poco. El de la bici con el pedal estropeado pedaleando como podía. Pero justo a la entrada se le ha terminado de romper del todo y hasta casa con una sola pierna ¡Vaya foto! Únicamente con el pié izquierdo hasta que ya no ha podido más en una cuesta. Para terminar de rematar el día, justo cuando faltaba un kilómetro para llegar a casa se me ha pinchado la rueda trasera de la bici, así que nada, a bajarse de la bici y, al final, los tres andando con la bici en la mano hasta casa. Ya me han apodado “el rompebicis”. Bici que toco, bici que rompo ¡Qué desgraciadico soy! Pero bueno, en general bonita escapada con algunas anécdotas para contar ¿Repetiremos? Espero que sí.
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